Si les preguntásemos a nuestros hijos que sienten cuando reciben abrazos, cada uno tendrá diferentes maneras de expresarlo: felicidad, amor, cariño… y los más pequeños podrán expresarlo con su rostro. En definitiva, es una de las formas más hermosas de demostrarles nuestro afecto.

Al abrazar lo que debemos buscar es  “tocar el alma de nuestros hijos”, porque de esta manera les transmitimos seguridad, estabilidad y protección, y haremos que se sientan tranquilos y aceptados. Cuantos más abrazos, mejor será el crecimiento y el desarrollo de los más pequeños y más vínculos crearemos entre ellos y nosotros.

La conocida psicoterapeuta Virginia Satir afirmó:

“Necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho abrazos diarios para mantenernos y doce abrazos diarios para crecer.”

Teniendo en cuenta el continuo crecimiento de nuestros pequeños ¡está claro que necesitan 12 abrazos al día! Además, tendremos que aprovechar para abrazarles mientras se dejen.

Entre los beneficios de los abrazos destacamos los siguientes:

Activan los receptores de la piel y aportan seguridad ya que el primer contacto del abrazo es piel con piel

Liberan dopamina, la hormona del placer: es un neurotransmisor que ejerce un gran poder de alivio contra el estrés.

Libera oxitocina, la hormona del amor, responsable de generar confianza hacia uhna persona.

Reduce el nivel de cortisol en sangre, muy relacionado con los niveles de estrés.

En definitiva, el niño que recibe abrazos se siente querido por sus padres, reforzándose su fortaleza, creándose mayor seguridad en sí mismo, aumentando su autoestima, a la vez que mejora su capacidad de relacionarse con otros niños, su empatía, y será un niño con menos rabietas y enfados.

Si queréis tener más detalles os dejamos un enlace para que entendáis porque es tan importante abrazar a nuestros hijos: www.imageneseducativas.com